Capítulo 29.

Viéndote con sus Ojos.

Miyeon tomó su teléfono por enésima vez. Ya serían dos semanas desde la última vez que habló con Shuhua. Bebió su café que le recordaba a la taiwanesa, intentó leer las líneas de la obra que le recordaban a la taiwanesa, vio su fondo de pantalla en el que estaba con la misma y decidió ver el cielo. El sol era tan fuerte que le obligó a cerrar los ojos y nuevamente vio a Shuhua.

Lo entendía, la menor le había pedido un tiempo para pensar ¿pero cuánto tiempo era? Miyeon se estaba volviendo loca. El arrepentimiento y la frustración se apoderaba de ella. Necesitaba hablar con ella, pero Soyeon le había dicho que lo mejor era dejarla sola para asimilar la situación y que finalmente tome una decisión.

Algo de lo que estaba segura era de que sea cual sea esa decisión ella la iba a respetar.

Volvió a tomar otro sorbo de su café, estaba en la capital. Había viajado el día anterior para acompañar a su mamá el día de su cirugía. Cirugía que había sido pagada por la madre de Shuhua. Otra cosa más que la hacía pensar en ella.

—Sabía que te iba a encontrar acá. —Levantó su mirada para encontrar a la persona que menos creía ver.

—Tranquila, vengo en son de paz. —Minnie tomó asiento al lado de ella en las escaleras de la entrada del hospital. Por el rostro que puso la coreana, notó que su presencia no era ni esperada ni del todo bien recibida. —Vi en redes sociales que venías a la ciudad por tu mamá, pensé que estarías con tu novia y tendría que salir corriendo antes de saludarte. —Rió, intentando amenizar el ambiente aunque no lo logró.

Minnie comenzó a jugar con sus manos, había perdido la capacidad de hablar y Miyeon parecía no querer decir nada.

La presencia de Minnie era una constante amenaza. Estaba segura de que nada parecido a lo que pasó en la fiesta iba a suceder, no era tan tonta como para seguir exponiendo su relación así. Estaba molesta, no entendía por qué Minnie se sentía con el derecho de aparecer en sus momentos vulnerables y hacerle creer que realmente la sentía ahí.

—¿Qué haces aquí, Minnie? —Le vio directamente a los ojos, quería verse desafiante y no vulnerable como realmente se sentía.

—Solamente vi que iban a operar a tu mamá, sabía que es algo delicado y como ahora vivo acá pensé en saludar. —A decir verdad, Minnie había pasado horas analizando si ir o no. Optó por la primera ya que no veía malas intenciones en sus deseos de acompañar a la coreana. Quería estar presente como una amiga, pero ellas no eran amigas. Eran ex novias y era la razón por la cual Miyeon estaba teniendo tantos problemas con Shuhua.

—Gracias, pero ya te puedes ir. —Eran pocas las veces en que Miyeon hablaba así. Siempre fue una joven dulce y educada, pero creía que ya le había dado demasiadas oportunidades a Minnie. No solo ahora, sino también antes.

—¿Hice algo malo? —Minnie puso su mano por sobre la de Miyeon. La primera reacción de la mayor fue quitar su mano, alejarla como si fuera un arma con la que pudiera ser dañada. No quería permitirle disparar, se sentía indefensa.

—Minnie ¿por qué no puedes salir de mi vida? —Los ojos de Miyeon eran como un lago a punto de salirse de su cuenca. La pregunta, notó Minnie, era mucho más profunda de lo que se decía literalmente. Miyeon no estaba preguntando por qué estaba ahí, Miyeon quería saber por qué después de tanto tiempo ella seguía ahí.

—Porque tú tampoco puedes salir de la mía. —La respuesta les tomó por sorpresa a ambas. Minnie era una chica segura de sí misma ante todos, pero insegura a más no poder en lo personal. Miyeon se había enamorado de Minnie por lo mismo, era todo lo que cualquier chica quisiera. Hasta que entendías que no era perfecta, que al igual que todos tenía sus fallas. Pero era difícil notarlo, porque si había algo en lo que Minnie era perfecta era en hacerte creer que nada malo estaba pasando.

Pero aquí estaba. Completamente vulnerable y desnuda en cuanto a sus sentimientos. Minnie estaba aceptando públicamente que había algo que no podía controlar y eso era encantador.

—No está bien. No merezco pasar por esto. —Miyeon hablaba para ella misma en voz alta. Sentía que era una injusticia tener a una persona preciosa esperando con ella cuando tenía a otra persona amenazando lo que sentía.

—Tranquila, yo no quiero entrometerme.

—Pero ya lo hiciste.

Silencio.

Ambas se quedaron sin palabras, Minnie sintió la culpa recorrer su cuerpo. Supuso de inmediato de que alguien las había visto el día de la fiesta. Minnie había bebido pero no lo suficiente como para no recordar lo que había sucedido esa noche.

—Perdón. —Tomando plena conciencia de lo que había hecho, le pareció oportuno pedir disculpas. No eran disculpas de la boca hacia afuera, las sentía desde el fondo de su corazón.

—Si de verdad lo sientes entonces te vas a poner de pie y te vas a alejar de mí. Pero ahora no vas a volver, nunca más. —Lo dijo de la forma más sincera posible, no había enojo ni nada similar. Quería que por su salud mental, Minnie hiciera lo que consideraba correcto.

Y así fue, Minnie se puso de pie y dio dos pasos antes de volver a ver a Miyeon. —Siempre voy a estar agradecida de todo lo que me enseñaste. —Lo dijo con una sonrisa que desapareció lentamente. —Y nunca dejaré de arrepentirme por la forma en que dejé que te fueras de mi vida.

Y así Miyeon vio a Minnie salir de su vida. No como la primera vez, sino que de verdad. Y por primera vez suspiró sintiendo que se quitaba un peso de encima, el futuro se veía un poco más brillante y la ilusión volvió a su corazón.

Shu: Unnie, espero que todo salga muy bien hoy. Estaré pensando en ustedes 🙏 🧡

Era la primera vez que Miyeon sabía algo de Shuhua después de su confesión, definitivamente toda la ilusión había vuelto.

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Cada quien encuentra su lugar en el mundo, ese lugar en el que logra descansar y dejar ir lo que le hace sentir mal. Un lugar sagrado, íntimo y en el que no nos gusta ser invadidos.

Para Shuhua era su habitación. Incluso aunque sea nueva y apenas estuviera inaugurada ya lograba hacerle sentir en casa. Aquello le hacía preguntarse si cuando comience a arreglar su habitación en la nueva casa de su madre lograría sentir lo mismo.

De todos modos estaba ahí, siempre podía volver ahí.

Desde que se alejó de Miyeon para pensar su mente había estado ocupada con muchas posibilidades. No estaba segura de lo que era mejor, creía que todas las decisiones traen consecuencias tanto positivas como negativas.

No existía la decisión perfecta.

Pensaba que podía estar con Miyeon, intentar olvidar y disfrutar de lo que les quedaba juntas.

O pensar a largo plazo, entender lo que era mejor. Shuhua no era la misma chica desde que comenzó su relación. Se sentía madura, segura y responsable.

Quería meditar y tomar la decisión más responsable para todas las personas implicadas. Pero sobre todo para ella y Miyeon.

Su nueva habitación ya no le hacía ver en dirección a la de Soojin, sino que ahora tenía la vista completa al patio trasero de su casa. Antes de que su padre y Jaekyung se casaran el patio era un lugar no habitable. El pasto se mantenía corto pero no había plantas ni asientos, absolutamente nada que demostrara que los Yeh ocuparan el espacio.

Ahora era distinto.

Jaekyung era una enamorada de la decoración y para su sorpresa, Lucy era una enamorada de la jardinería. Quién diría que la hiperactiva hermana menor se convertía en un ser de paz cada vez que invertía su tiempo en el patio trasero de la casa.

A Shuhua le encantaba ver el proceso, a veces se quedaba parada al lado de su ventana solo para ver a Lucy trabajar en sus plantaciones. Cuando notaba que las horas habían pasado la llamaba por la ventana para que entrara a tomar alguna merienda. Eran en esos momentos en los que sentía que comenzaban a crear un sincero vínculo de hermanas y a Shuhua le llenaba el corazón.

Ese día en particular, Shuhua se había dado cuenta de que el patio de la casa era más que un lugar en el que Hyojung creaba su jardín, ese era su lugar.

Desde su habitación observó a la menor de la familia sentada en el césped, la mirada la tenía perdida y su cuerpo estaba completamente inmóbil. Shuhua no estaba segura de cómo habían ocurrido los eventos esa tarde, solo sabía que finalmente Lucy se había enterado de cómo se habían conocido sus padres. Sabía que Doyeon estaba involucrada y que las hermanas no se hablaban desde que la noticia fue informada.

Shuhua comenzaba a pensar que era su momento de dar un paso adelante. No le gustaba ver a Lucy tan apagada, pérdida en sus pensamientos y sin esa sonrisa que iluminaba a todos dentro del hogar.

Llevaba dos horas ahí, incomunicada con todos los miembros del hogar. Jaekyung estaba en su habitación, Doyeon había salido a caminar y su papá se encontraba en el trabajo. Quizá era su oportunidad de hablar con Lucy.

Sin pensarlo mucho tomó la iniciativa y bajó las escaleras, y tomó dos cajas de jugo para compartir con su hermana.

En silencio se sentó a su lado, el aroma de las flores era relajante y la sensación del pasto tocando tu piel se sentía como cosquillas. Shuhua sonrió al darse cuenta de que Lucy había encontrado el mejor lugar de todos dentro del caos. Con cuidado ofreció la caja de jugo que fue tomada por la menor. Bebieron en silencio, tomándose el tiempo de hacer que los sentimientos bajen.

—¿Estás molesta? —Shuhua quería saber, le causaba intriga comprender lo que sentía su amiga.

Lucy respondió moviendo la cabeza en negación, todavía tomaba su jugo y tenía la bombilla en su boca.

—No estoy molesta. —Agregó, dejando el cartón de lado para poder ver a Shuhua a la cara. —Solo no entiendo por qué tomaron tanto tiempo en decirme ¿creían que los iba a juzgar?

Shuhua se encogió de hombros, basado en la conversación que había tenido con Doyeon ella creía que Lucy era muy joven para entender la forma en que las relaciones de adultos funcionaban. Creían que le hacían un favor, aunque Shuhua siempre pensó que Lucy era mucho más madura de lo que todos creían.

—Nunca lo hicieron con mala intención, eso te lo puedo asegurar.

—Lo sé.

Lucy sonreía ahora y si bien Shuhua pensaba que la menor iba a tomar la noticia con madurez, nunca creyó que la vería sonreír.

—Mamá está tan feliz, tan enamorada y antes de eso. —Lucy movió sus manos como intentando explicar lo que no salía de su boca. —Papá era distante y frío, nunca la vi sonreír de la forma en que sonríe ahora. No podría enojarme con mamá por querer ser feliz ¿O si?

Shuhua sintió su corazón retumbar dentro de su pecho. Las palabras de Lucy eran como un consejo que nunca pidió.

—Cuando amas mucho a alguien, su felicidad va más allá de lo que ven tus ojos.

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El día en que Miyeon volvió sintió una felicidad recorrer su cuerpo, su papá le había pedido que invitara a Shuhua y su madre a cenar para agradecer el dinero de la cirugía, para su sorpresa la taiwanesa había aceptado.

Se preguntaba si Lian sabía que las dos no estaban pasando por el mejor de los momentos y no quería que la cena fuera incómoda. Sobre todo cuando por primera vez su propia madre (quien se recuperaba muy bien) les acompañaría en la cena.

Miyeon decidió ponerse un vestido, a Shuhua le gustaban en ella por la forma en que sonreía al verla con esas prendas. Dejó su cabello suelto, también le gustaba a su novia y se puso un poco extra de perfume.

En el momento en que Lian y Shuhua aparecieron en la entrada de su casa, su corazón comenzó a latir de forma irracional.

Así funcionaba el amor, así era cuando la persona más importante de tu vida aparecía frente a ti.

Había pequeños detalles de la cena que ayudaban a que Miyeon subiera sus expectativas sobre el futuro de su relación. Cuando Shuhua le ponía comida en su plato, cuando dirigía sonrisas en su camino o cuando comentaba cosas sobre ella que la hacían quedar como la mejor novia del mundo frente a su madre.

Pero sobre todo cuando la mano de Shuhua buscó la suya por debajo de la mesa y entrelazó sus dedos con los impropios. Eran detalles que gritaban más fuerte que cualquier palabra.

Antes de despedirse, las dos subieron a la habitación de Miyeon. Quería que tuvieran una conversación antes de asumir cualquier cosa.

—Tu mamá se ve muy bien. —Fue lo primero que dijo Shuhua, quien revisaba el estante de libros que tenía en su habitación. Se había vuelto una pequeña tradición entre ellas el que Shuhua revisara el lugar y tomara prestado un libro del cual hablarían después.

—La cirugía salió muy bien. —Respondió Miyeon, no habían conversado lo suficiente pero mediante mensajes de texto se mantenían informadas. —Shuhua, de verdad no sé por dónde comenzar a agradecer lo que hiciste por mi familia. —La taiwanesa seguía dándole la espalda, hojeando un libro de vez en cuando.

—Mamá lo hizo feliz y yo también, lo importante es que todo salió bien y ahora solo debe dedicarse a recuperar sus energías y ya pronto tendrás a tu mamá caminando por ahí. —Por su tono de voz podía imaginar que Shuhua sonreía mientras decía eso.

Siguieron sin hablar por algunos minutos. —¿Qué tal es este? —Había un libro levantado en su dirección.

—Trata de una mujer que encuentra un mensaje en una botella en el mar y hace todo lo posible por encontrar a la persona que lo envió alguna vez. Es algo romántico. —Miyeon jugaba con sus dedos, se sentó en el borde de la cama y esperó a que Shuhua le diera la cara.

—Me lo llevo. —Esa era su frase. Se dio vuelta y con el libro todavía en sus manos se sentó al lado de Miyeon.

—Shuhua ¿Estamos bien? —La pregunta era dolorosa, cada parte de su cuerpo tensa.

Shuhua suspiró, tomando la mano de Miyeon. —Cho Miyeon, quiero estar contigo mientras pueda así que si, estamos bien. —Una respiración ahogada fue soltada por la mayor, quien se abalanzó a los brazos de Shuhua. —No quiero estar nunca sin ti. —Confesó la mayor, recibiendo los brazos y los besos de Shuhua con soltura y necesidad.

—Tus sueños siempre serán mi prioridad. —La felicidad que Miyeon emitía al ver a su mamá bien, eso había sido gracias a Shuhua y desde ese instante se prometió que tal como había dicho Lucy, la felicidad de las personas que amas es mucho más grande.

Al despedirse de los Cho, ambas salieron con bolsas de comida “Es lo mínimo” había dicho la madre de Miyeon, quien hasta había recuperado los ánimos de cocinar.

Ya de camino a casa, Lian estacionó en el lugar que había comprado para poder vivir en Corea. —Shuhua. —Llamó, antes de que pudieran salir del vehículo. —¿Estás segura de que quieres que haga lo que me pediste?

Shuhua pareció meditar antes de asentir con decisión. —Estoy segura, es lo mejor.

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Al pasar de las semanas la relación de ambas continuó fortaleciéndose, Shuhua aprovechaba cada instante que podía compartir con su novia, todos sus momentos libres los ocupaba junto a la mayor y nada las despegaba, era como si corrieran contra el tiempo.

—¿Estás nerviosa? —Era divertido, la pregunta debería ser de forma inversa. Después de todo Miyeon era la protagonista de la obra y Shuhua tenía apenas un pequeño rol. Pero esa no era la primera vez en la que Miyeon se enfrentaba al público pero para la taiwanesa era una experiencia completamente nueva y claro, estaba nerviosa.

—¿Y si olvido mis líneas? —Miyeon se enterneció, ver a Shuhua con esa inseguridad era algo adorable. Besó sus miedos y luego la acogió en sus brazos con fuerza.

—Si olvidas tus líneas entonces imagina que me estás retando a ver si recuerdo todas las líneas, piensa que es nuestro pequeño juego y que no hay nadie más en el escenario.

Shuhua sonrió, sin duda tomaría su consejo. No había mejor sentimiento que el estar en un lugar sola con su novia.

La presentación estuvo cercana a la perfección. Miyeon encantó a cada uno de los presentes con su impecable voz y presencia escénica. El club de teatro de la escuela tenía su reputación y luego de West Side Story se había elevado a las nubes.

El público aplaudió por largos minutos que enriquecieron los corazones del grupo de estudiantes que pertenecía al grupo.

Reverencia tras reverencia fueron saliendo del escenario hasta encontrarse en la parte trasera y aplaudirse entre ellos. Después de toda la sangre, sudor y lágrimas la función había acabado y todos se sentían orgullosos de lo que habían logrado. Desde el rol más pequeño a los dos protagonistas, todos habían invertido en que la función fuera así de perfecta.

Miyeon y Jaehyun recibieron el cariño y admiración de sus compañeros, y luego de recibir suficientes comentarios Miyeon se entregó a los brazos de su novia para escuchar las únicas palabras que realmente le llenaban el corazón.

—Estoy tan orgullosa de ti. —El hormigueo en su estómago cada vez que Shuhua le dedicaba palabras positivas era una sensación que no quería dejar de sentir jamás, era superior y sentía lástima por todas las personas que no podían sentir algo como aquello.

—Y yo de ti, lo hiciste perfecto. —Miyeon quería que Shuhua sintiera lo que le decía, si bien no había estado en el público para presenciar las escenas de Shuhua, estaba segura de que su novia lo había hecho sin errores. —¿Lo disfrutaste?

—Cada minuto. —La taiwanesa no demoró en contestar. —Cada minuto desde que entré al club de teatro lo disfruté con todo mi corazón. —La respuesta iba más allá de lo que se le había preguntado, pero Miyeon no la detuvo. —Sé que el próximo año no estarás aquí, pero cada vez que suba al escenario o entre al salón del club de teatro. —Miyeon podía sentir las lágrimas a punto de salir. —Cada pared, cada mesa, cada pequeño lugar en esa sala me hará pensar en ti y te prometo que nunca dejaré de sonreír.

Miyeon lloró, lloró como cuando a un niño pequeño le quitan su juguete favorito. Escondió su rostro en el cuello de Shuhua y continuó llorando.

—Mi vida a tu lado ha sido felicidad sin parar. —Continuó Shuhua, intentando que el llanto de la mayor no le hiciera retractarte. —Hasta que te conocí no tenía idea lo que era ser realmente feliz.

Shuhua mantuvo a Miyeon segura en sus brazos, comenzaron a pasar los minutos y los pasillos de la escuela comenzaban a desocuparse. Poco a poco el único sonido que se escuchaba era el de Miyeon hasta que simplemente se inundó en silencio.

Cuando Miyeon dejó de llorar y se atrevió a tomar la distancia suficiente para poder ver a Shuhua a los ojos confirmó lo que le estaba aterrando desde el momento en que se separaron por primera vez. El año escolar estaba por terminar, pronto Miyeon tendría que tomar una decisión sobre el futuro y Shuhua tendría que quedarse ahí un par de años más.

El tomar caminos separados era algo inevitable, pero en el fondo de su corazón Miyeon creía que no importaba y que de alguna forma u otra sabrían lidiar con aquello.

—¿Qué estás haciendo? —La pregunta de Miyeon salió de forma desgarradora.

Estoy haciéndote feliz, quiso decir Shuhua. Pero prefirió callar, Miyeon no era capaz de verlo en ese momento pero quizá con el tiempo podría darse cuenta de que efectivamente Shuhua la estaba haciendo feliz. Quizá no en ese momento, ahí se sentía lo contrario. Pero en el futuro seguramente lo iba a comprender.

—Mamá consiguió una beca para que puedas estudiar en Julliard. —Las palabras de Shuhua salieron entre temblores, ni siquiera los llantos incesantes de Miyeon le habían quebrado tanto el corazón como las palabras que acababa de decir. —Tienes que aceptar y la beca es toda tuya, todos los gastos pagados.

Miyeon comenzó a negar rápidamente con la cabeza. No era así como tenía que ser, no tenía que ser tan difícil. Miyeon esperaba quedar en alguna universidad de Corea y buscar forma de encontrarse con su novia de vez en cuando para que quizá luego Shuhua decida estudiar en el mismo lugar.

Miyeon no quería que la escuela de sus sueños al otro lado del mundo estuviera tan cerca de su alcance. No cuando la decisión de seguir sus sueños era completamente opuesta a la de estar al lado de la chica que amaba.

—Por favor di que sí. —Shuhua rogó, necesitaba que acepte. Miyeon merecía el universo entero y sin pedirlo, Shuhua tenía la posibilidad de dejarlo en sus manos para que lo tome.

—¿Por qué haces esto? ¿No me quieres en tu vida? —Miyeon estaba sufriendo, sabía que Shuhua haría todo lo posible para que ella pudiera cumplir sus sueños pero jamás pensó que realmente podría lograrlo.

—Quiero que tengas la mejor vida de todas. —Su respuesta le hizo sentir escalofríos por todo su cuerpo. El tono de voz estaba lleno de amor y delicadeza pese a la dureza que significaba aquello, porque Shuhua quería darle lo mejor sabiendo lo que conllevaba el que Miyeon aceptara la beca. —No te detengas, las dos sabemos que puedes tomar el mundo en tus manos y que tu talento merece ser reconocido. Hazlo por mí, hazlo por todo el orgullo que sentiré cada vez que te subas al escenario, aunque no me veas en el público lo sentiré aquí. —Mientras decía eso sus manos tomaron la diestra de Miyeon y la llevó a su pecho para que sintiera los fuertes latidos de su corazón.

Miyeon comenzó a llorar nuevamente y Shuhua sonrió, sabiendo que esas lágrimas significaban que la mayor comprendía que Shuhua tenía la razón.

Sin decir más, Miyeon se abrazó de Shuhua y asintió entre lágrimas. —Te haré orgullosa. Te haré muy orgullosa.

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La monotonía es cómoda, la monotonía es algo seguro. No tiene nada de malo gustar de los patrones habituales y repetirlos una y otra vez. Pero también son un arma de doble filo.

Caminar todos los días por el mismo camino te llena el orgullo de seguridad, pero cuando te cierran una calle o te cambian la dirección del tránsito terminas perdido.

Así se sentía Shuhua. Completamente perdida mientras caminaba por las calles que había recorrido cientos de veces.

No habían pasado ni dos horas desde que despidió a Miyeon en el aeropuerto. Los últimos meses a su lado habían sido perfectos, aprovecharon cada minuto de amarse y recordarse lo importante que serían la una para la otra por el resto de sus vidas.

Fue Shuhua quien decidió que una vez Miyeon se fuera a Estados Unidos su única tarea era enfocarse en ser la mejor. Le prometió una y otra vez que estaría bien por su cuenta, que no tenía que preocuparse por ella.

Pero ahí estaba. Pérdida en las calles que tantas veces había caminado. Pérdida en el lugar que antes podía recorrer con los ojos cerrados. Sintiendo un ahogo que no sentía desde que su único problema era estar enamorada de su mejor amiga.

Parecía tan mundano, tan insignificante después de dejar partir al amor de su vida.

No estaba segura de cuánto tiempo había pasado desde el momento en que se comenzó a sentir así hasta que Soojin llegó a buscarla. Shuhua la había llamado para pedirle que la lleve a casa, se excusó con necesitar compañía por tener el corazón roto. Omitiendo completamente que su corazón dolía tanto que había perdido el sentido de la orientación.

Caminaron en silencio, ninguna se atrevía a decir nada. Shuhua le pidió que fueran a casa de su mamá, no se atrevía a tener que sonreír frente a Lucy o Doyeon.

La habitación que tenía en la casa de su madre era probablemente el triple en tamaño que la que tenía originalmente. Todo lo que a Shuhua se le antojase aparecía allí al siguiente día, Lian estaba obsesionada en darle a su hija todo lo que no pudo cuando era pequeña.

Soojin la acurrucó en su cama, acariciando su cabello mientras la taiwanesa dejaba ir las lágrimas que nunca se atrevió a derramar frente a Miyeon. Temía que le hicieran arrepentirse de su viaje, no quería ser el ancla que la detuviera a navegar en sus sueños.

—¿Por qué lo hiciste? Si sabías que iba a doler tanto ¿por qué? —Soojin suspiró, no soltando a Shuhua.

—En algún momento tenía que pasar. —Era la primera vez en que hablaban del tema, Soojin sabía del plan de Shuhua y jamás lo cuestionó hasta ese momento. —Quería evitar los gritos, el enojo y todo lo negativo. La dejé ir a ser feliz, pensé que así dolería menos. —Soojin presionó a Shuhua contra su cuerpo con más fuerza. Sabía que por su historia de vida su mejor amiga le tenía terror al abandono y ahora su miedo a perder a Miyeon de forma dolorosa era tan fuerte que prefirió dejarla ir bajo sus términos. Soojin quería gritarle a todas las personas que habían roto alguna vez a Shuhua porque en eso la habían convertido, en una persona incapaz de comprometerse a largo plazo por la falta de confianza que tenía en los demás. Pero no podía hacerlo, no podía enojarse con nadie cuando ella misma había contribuido a alimentar los miedos de Shuhua.

—Prefiero que duela así, pero sé que al menos luego la veré cumpliendo sus sueños y mi corazón se llenará de felicidad. El amor no es perfecto, pero creo que hice para ella lo mejor.

Soojin quería quejarse, quería pedirle que se diera cuenta de que su felicidad igual importaba ¿Pero quién era ella para dar discursos? Cuando ella hacía exactamente lo mismo, consolando a su amor por otro amor. Soltándose a ella para atrapar a alguien más.

Soojin sabía que nunca iba a tener el corazón de Shuhua porque tenía nombre y eso no iba a cambiar. Pero al menos estaría ahí para verla sanar hasta que ambas se reencontraran nuevamente.

Porque los caminos pueden cortarse, los puentes pueden caer y el sentido de las calles puede cambiar. Pero de una forma u otra siempre volverás a casa.

Shuhua y Miyeon siempre serían el hogar de la otra.

Fin.

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N/A: ¡Es el fin! Siento que debo agradecer desde el fondo de mi corazón a todas las personas que han apoyado esta fic ya que me llenan de entusiasmo por seguir haciendo una de las cosas que más disfruto. Así que gracias a cada una de las bellas personas que han leído, votado y comentado.

Quizá no es el final que ustedes esperaban, pero espero puedan tomar una lección de ella.

De todas formas no es el final para el Mishu, como les mencioné anteriormente tengo un capítulo especial para ustedes que publicaré. Quizá me demore en hacerlo pero prometo que llegará y les ayudará a sanar los corazoncitos rotos.

Me despido por ahora, les envío un abrazo y mucho cariño. No olviden que en El Presente es mi otra fic activa, es Sooshu y creo que es bastante buena (algo cercana la recomendación pero había que hacerla) y además siempre me pueden seguir tanto en wattpad como en AFF para mis futuros trabajos.

Espero leer sus comentarios y nos vemos hasta que publique el capítulo especial ¡adiooooooos!

(la fic no la marcaré como completada hasta publicarlo) 

 

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Thank you!
lonelynovember
Espero disfruten el capítulo 8, muchas gracias por las suscripciones. Me alegra mucho saber que hay personitas que leen lo que hago :(
Debo confesar que me da un poco de pena hacer de Soojin la "antagonista" de la historia porque es una beba preciosa y la extraño mucho, pero bueno es ficción.
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