Capítulo 3.

Viéndote con sus Ojos.

—¿Con quién hablas? —Shuhua levantó la mirada, notando a Soojin lista para irse a la escuela. Shuhua estaba sentada en las escaleras de la entrada de la casa de la mayor, guardó su teléfono y se puso de pie para así comenzar a emprender el viaje.

—Una amiga que hice en Taiwán. —Soojin levantó una ceja pero luego recordó que tenían planes de cenar juntas y seguramente ahí podría interrogarla sobre todo lo que había pasado durante el verano. —Ven, debes tener frío. —A falta del sweater que había olvidado en casa de Lucy, Soojin envolvió una bufanda alrededor del cuello de Shuhua. Una sonrisa se formó en la menor al sentir el suave pero notorio aroma de Soojin en la prenda.

El caminar era silencioso pero no había problema para ninguna de las dos. —Me gustó la foto que subiste anoche. —Shuhua quedó confundida por unos segundos hasta que comprendió que se refería a la fotografía que había subido a su instagram. 

—El cielo estaba muy lindo anoche, lleno de estrellas. —Explicó Shuhua, sonriendo ante el recuerdo.

—La descripción ¿Por qué? —La sonrisa se esfumó, y la imagen de Miyeon volvió a su cabeza. La descripción que le había puesto a la fotografía decía "Ya no llores, el cielo es hermoso". No sabía la razón por la cual no podía dejar de pensar en la cajera y en lo vulnerable que se veía, las palabras en la descripción iban dedicadas a ella aunque no la viera. 

—No sé, me sentía poética. Y quién sabe, a lo mejor alguien estaba triste y ese mensaje le arregló la noche. —Parte de eso era verdad, aunque ese alguien al que se refería era más bien una chica que no dejaba de dar vueltas en su cabeza. —Eres muy buena para este mundo. —La sonrisa de su mejor amiga le ablandó el corazón, ella no se sentía así pero cuando los cumplidos eran de parte de la más alta las cosas eran diferentes.

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El día había sido bastante tranquilo, el almuerzo lo compartió con Yuqi y el resto de sus clases las pasó sin problemas ni detención. Ya en su casa, Shuhua se dio una rápida ducha y se puso ropa cómoda para ir a la casa de su mejor amiga. Su padre nuevamente tendría que trabajar hasta tarde por lo que había decidido pasar la noche con su vecina.

—¡Shuhua! —La señora Seo le dio la bienvenida, llevando a su querida Taiwanesa entre sus brazos. —¿Estás más alta? —Shuhua comenzó a reír, notando como la señora Seo la revisaba por todos lados comprobando que estuviera bien. 

—Soojin dijo lo mismo, quizá crecí un poquito. —La mirada de la señora Seo siempre era de orgullo, su instinto maternal se activaba cada vez que veía a la pequeña Shuhua, porque para ella siempre sería la niña de ocho años que lloraba cada día. 

—Hablando de Soojin ¿no se vinieron juntas? —En ese momento Shuhua se percató de que eran las únicas en la casa. Se encogió de hombros y tomó asiento en la isla de la cocina, hábito que tenía cada vez que veía a alguna de las Seo cocinar para ella. 

—Seguro no demora en llegar, me puedes ayudar a preparar la mesa. Seremos las tres ya que mi esposo salió con sus amigos hoy ¿Te quedarás a dormir, verdad? —Shuhua asintió, poniéndose a trabajar en la tarea que le había dado la señora Seo.

Después de un rato, la comida ya estaba preparada pero todavía no habían señales de Soojin. Su madre se preocupó, llamándola para recordarle que había prometido cenar con ellas. Shuhua intentó no sentirse mal y aceptar que ahora Soojin tenía más cosas de qué preocuparse además de hacerle compañía. 

—Está bien, mamá Seo. —Shuhua la tranquilizó, desde que ella y su hija se habían hecho cercanas la Taiwanesa tenía la costumbre de llamar como mamá a su vecina. —Podemos empezar a comer nosotras y luego Soojin unnie se nos puede unir. —Un poco más tranquila, la señora Seo asintió y comenzó a servir la comida para ellas dos. 

—Entonces ¿Lo pasaste bien en Taiwán? Te extrañamos tanto acá. —Las dos comían totalmente cómodas con la compañía de la otra. Shuhua se concentró en comer y luego asintió, tomando un poco de agua antes de responder.

—¡Mucho! Realmente no tenía recuerdos del país, era muy pequeña cuando me vine. —La señora Seo asintió, invitando a Shuhua a seguir hablando. —Tengo tres primos, todos hombres y cercanos a mi edad. Me llevaron a conocer lugares lindos. —Shuhua tomó su teléfono para mostrarle a la señora algunas de las fotografías que había tomado en esos paseos. —Mi abuela igual es muy dulce, casi no hablaba con ella pero ahora que pasé tiempo allá hablamos todos los días por mensajes. —Eso último hizo muy feliz a la mayor, a Shuhua le hacían falta figuras maternales y si bien ella cumplía un buen rol no se podía comparar al enlace de sangre que podía ser superior. 

En medio de esa conversación sonó el click de la puerta y Soojin apareció caminando tímidamente a ellas. —¿Dónde estabas? —El tono de voz que ocupaba la señora Seo intimidó hasta a Shuhua, quien temió por su mejor amiga.

—Se me hizo tarde en la escuela, pero ya vine ¿no? —Soojin se defendió, tomando asiento al lado de su mejor amiga. —Ya comí, por cierto. —Aquello le hizo ganar otra mirada molesta de su madre quien asumió que había comido con su novio.

—Sabías que tendríamos visita, lo mínimo que podrías haber hecho es venir con algo del estómago vacío—.

—Yo no soy visita, me siento ofendida. —Eso hizo reír a ambas y Shuhua por fin sintió que el aire se había vuelto más respirable. Nunca le gustó ver a personas pelear, se sentía incómoda y menos mal su comentario solucionó las cosas.

Ya cansada por todo lo que había preparado, la señora Seo se retiró a la cama mientras las dos amigas limpiaban los platos. —Perdón por dejarlas solas. —Shuhua secaba y guardaba los platos en silencio antes de eso.

—No te preocupes, fue bueno ponerme al día con tu mamá. —Shuhua terminó su trabajo y se quedó parada, viendo como Soojin limpiaba sus manos para luego volverse a la menor con una sonrisa tranquila. —Me alegro, aunque eso no te salva de contarme todo sobre tu viaje. —Shuhua asintió, por fin sintiendo que todavía era importante para ella.

Ya en sus pijamas y sentadas sobre la cama de Soojin el ambiente estaba propicio para poder conversar sobre las cosas que se habían perdido de la vida de la otra durante los casi dos meses sin verse.

Así Shuhua comenzó a contarle a Soojin sobre todos los lugares a los que sus primos la habían llevado, todo acompañado de distintas fotografías que ella misma había capturado. Shuhua explicó cada pequeño detalle sobre sus lugares favoritos además de las personalidades de sus primos.

—Y ese día en que me quedé sin batería en el celular conocí a Tzuyu. Estaba perdida en el parque y ella me ayudó—Los ojos de la Taiwanesa brillaban al mencionar a la chica que la había salvado de terminar completamente extraviada en medio de un parque nacional. —No dejamos de hablar desde ese día y me llevó a distintos lugares. —Shuhua continuó hablando sobre su amiga, mostrando fotos de ella. Soojin notó la emoción en su mejor amiga al hablar de ella y no pudo evitar pensar que se habían vuelto extremadamente cercanas en muy poco tiempo.

—Suena a que te la pasaste genial. —Concluyó Soojin, ganando rápidos asentimientos de cabeza de parte de la menor. —Uhm, Shu ¿Y pudiste averiguar algo sobre tu mamá? —Shuhua sabía que si alguien le iba a preguntar sobre el tema, esa sería su mejor amiga. Soojin era la única a la que se atrevía a contar ese tipo de cosas, antes de emprender su viaje le contó sobre sus intenciones de averiguar detalles sobre su madre e incluso de sus ganas de poder conocerla.

—Vi una fotografía. —La menor buscó en su teléfono hasta encontrar la foto que le había tomado al álbum. Estiró su mano y Soojin tomó el móvil viendo la foto con una sonrisa. —Woah. —Aquello casi sonó como un suspiro y Shuhua comprendió la razón. —Es hermosa ¿no? —Soojin asintió devolviendo el teléfono a Shuhua.

—Ahora entiendo de dónde sacaste toda esa hermosura. —Las mejillas de Shuhua se sonrojaron por el cumplido aunque no podía negar que su madre efectivamente tenía una belleza única. —Entonces ¿Pudiste contactarte con ella? —Shuhua sabía que la siguiente pregunta sería esa, le encantaría poder responder de forma diferente pero tampoco se podía mentir.

—Nadie me quería hablar de ella, supongo que temían que mi papá les escuche. —Soojin comprendía eso, sobre todo porque Shuhua había intentado cientos de veces hablar con su padre sobre el tema sin obtener respuesta. —Hasta que mi abuela me vio revisando las fotos y me pidió que deje ir el tema porque mi madre está muerta. —El silencio inundó la habitación. Soojin no estaba segura sobre qué palabras usar ¿Era esa una buena o una mala noticia? No sabía.

—Lo siento, Shu. —Shuhua secó rápidamente la solitaria lágrima que amenazaba con escapar de sus ojos. 

—No hay nada que sentir. —Explicó Shuhua sin mucha ilusión en sus palabras. —La verdad es que con el pasar de los años mis expectativas sobre conocer a mi madre se fueron desvaneciendo. Creo que el que esté muerta es lo mejor ¿no? —Soojin estaba sorprendida de la dureza en las palabras de su mejor amiga, era distinta a la Shuhua llena de amor que nunca tenía cosas malas que decir. —Era eso o que simplemente nunca me quiso y decidió abandonarme—.

El corazón de Soojin estaba roto, sentía que todo lo que le pasaba a Shuhua en relación a su historia de vida era algo que no se merecía. Shuhua era el tipo de persona que no le hacía daño a nadie y que siempre cuidaba sus palabras como los sentimientos de los demás. Soojin no sabía qué decir para consolarla por lo que decidió abrazarla y cuidarla en sus brazos haciendo que las lágrimas de su mejor amiga cayeran en silencio. 

Shuhua por otro lado no esperaba que su cuerpo reaccionara de la forma en que lo había hecho. Era cierto que a medida en que creció entendió que quizá debía aceptar que jamás tendría relación con su madre y que su padre nunca tuvo culpa de eso. Pero finalmente saber la verdad de los hechos era algo que ninguna hija estaba preparada para escuchar. Era momento de comenzar a cerrar ese círculo.

—Le pedí a mi abuela que me lleve al cementerio, quería ver su tumba. —Finalmente Shuhua se despegó de su amiga, limpiando su rostro con su pijama. —Pero ella dijo que no era necesario, que lo mejor era dejarlo ir. —Shuhua parecía insegura sobre lo último y sus ojos expresaban duda, Soojin sabía que debía intervenir.

—Quizá es lo mejor, Shu. Es difícil pero de a poco debes aceptar las cosas y dejarte amar por las personas que tienes a tu lado. Tu padre te ama, tienes a Yuqi y a tu amiga Lucy. Tienes a Tzuyu, tu abuela y primos. —Soojin acariciaba el rostro de Shuhua con cuidado, bajando hasta entrelazar sus manos con las de ella. —Y me tienes a mi, yo nunca te dejaré—.

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—¿Estás segura de que le pasaste bien la dirección? —Lucy estaba tirada en el suelo, comiendo gomitas y viendo a Shuhua reiniciar una y otra vez la misma canción, cualquiera hubiera estado irritada en ese punto pero mientras Lucy tenía comida en su boca no había nada que la pudiera molestar.

—Si, en la mañana le expliqué cómo llegar y me dijo que después de practicar vendría. —Shuhua estaba sudada y su cabello tenía friz debido a lo mismo. Estaba determinada a quedar dentro del club de baile y nadie le iba a arrebatar sus sueños, aún cuando su cabeza solo daba vueltas en la ausencia de su mejor amiga que había prometido ayudarla. 

—¿Quieres? —Lucy estiró la bolsa de gomitas y Shuhua negó con cara de asco, no comprendía cómo la menor podía comer tantas cosas dulces sin sufrir algún tipo de hiperactividad. —Tranquila, apenas son las siete y Soojin unnie puede llegar en cualquier momento. —Pero Shuhua tenía un mal presentimiento, Soojin tenía otras prioridades ahora y una parte de ella creía que no vería a la joven de cabello rojo en ese lugar.

Las horas pasaron y ya casi era medianoche. Lucy se había quedado dormida en el suelo luego de que la madre de su amiga les diera la cena. Shuhua tomó eso como una señal para volver a casa, estaba segura de que Soojin no vendría y que ya había abusado mucho de la hospitalidad de su nueva amiga.

—Hyojung, Hyojung despierta. —Shuhua movió suavemente a la menor que abría los ojos con lentitud, parecía no saber dónde se encontraba. —Me voy a casa, deberías ir a tu cama ¿si? —La menor se puso de pie con cuidado ya que todavía se encontraba algo dormida. Llevó a Shuhua hasta la puerta de su casa y luego se fue a dormir.

Shuhua se abrigó y se puso capucha para cuidarse del frío nocturno. Era tarde pero todavía no estaba segura de que su baile estuviera lo suficientemente bien como para quedar dentro del club. Sin darse cuenta, sus pies la llevaron hasta el mini supermercado que había conocido hace poco. 

La Taiwanesa no pudo evitar reír al ver a la cajera en el mesón, leyendo algo en voz alta con un tono masculino. 

—¿Interrumpo? —Preguntó Shuhua en la puerta de la tienda, la cajera sonrió y negó rápidamente algo avergonzada. 

—Disculpa, estaba preparando unas líneas y se me hace cambiar la voz cuando hago el papel del hombre. —Shuhua comenzó a reír porque era algo que probablemente ella también haría. —¿En qué te puedo ayudar? ¿No andas con Hyojung? —Shuhua negó, estaba sola y tampoco estaba muy segura del motivo por el que estaba ahí.

—¿Un café? —Preguntó Shuhua, a lo que la mayor asintió y caminó hasta la máquina que preparaba ese tipo de bebidas.

—¿Acostumbras mucho a salir a estas horas? —La joven comenzó a hacer preguntas en lo que preparaba el café, sacando dos cartones ya que si quería terminar su turno ella igualmente necesitaría de un poco de cafeína. 

—La verdad no, siempre estoy en la cama a estas horas pero últimamente me he encontrado haciendo cosas a altas horas de la noche sin darme cuenta. —La joven que la atendía se dio vuelta, haciendo contacto visual con la más baja en lo que la máquina comenzaba a preparar el café. 

—Vamos en la misma escuela ¿no? Por eso eres amiga de Hyojung. —Shuhua asintió, observando algunos detalles del rostro ajeno, sus mejillas se acaloraron por la leve intimidación que su belleza le provocó. —Soy Miyeon—.

—Shuhua, yo soy Shuhua. —Ambas se sonrieron en silencio hasta que los ruidos que hacían la máquina le indicaron a la mayor que debía cambiar el cartón. Le puso el protector al café y lo acercó a la menor.

—Lo que decías antes ¿Era para alguna obra? —Shuhua puso algo de azúcar en su café y lo comenzó a revolver. La mayor volvió a tomar la posición anterior en espera de que su propio café estuviera listo.

—Si, estoy en el club de teatro y tengo que aprender algunas líneas. Iremos a un jardín a presentar una obra infantil, yo seré un cocodrilo. —Ambas rieron, y a Shuhua le pareció adorable la imagen de la más alta como un cocodrilo. —¿Tu estás en algún club? 

—El año pasado estaba en el de cocina. Pero no era lo mío. —Shuhua tomó los primeros sorbos de su café, haciendo una mueca divertida al sentir el amargor. —Mañana tengo mi audición en el club de baile, por eso estoy despierta a esta hora.

—Si quedas en el club eso nos convierte en enemigas ¿sabías? —Shuhua vio la espalda de la cajera, probablemente preparaba su propia bebida. Cuando se volvieron a ver ambas sonrieron, un pequeño hábito que al parecer acababa de nacer. 

—Yo no creo en esas cosas. —Shuhua volvió a tomar de su café, negando ante lo tonta que era la rivalidad de los clubes de la escuela. Nadie sabía cómo había comenzado todo aquello, pero en su escuela los grupos estaban fuertemente establecidos y desde tiempos lejanos los miembros del club de teatro tenían una fuerte rivalidad con los de baile. A eso se sumaba el club de canto que de igual forma no era querido por parte de los otros dos. Esos tres clubes eran lo más alto de la pirámide en la escuela, si querías ser alguien reconocido tenías que pertenecer a uno. Y si tenías la suerte de pertenecer a uno entonces estaba estrictamente prohibido relacionarte con alguien de otro de esos clubes. —Además todavía no es seguro que quede, tengo poca confianza. 

—Estoy segura de que lo harás bien, y si quedas prometo no odiarte. —Miyeon acercó su vaso al de ella y Shuhua lo chocó con su propio vaso, casi como haciendo una promesa. —Y estoy segura de que Lucy tampoco te dejará ir. 

Las dos continuaron bebiendo de su café sin decir mucho, hasta que Shuhua decidió preguntar lo que llevaba pensando hace unos días. —El otro día ¿Por qué llorabas? —A Miyeon eso le tomó por sorpresa, quizá porque tontamente pensó que la menor no le había dado importancia a las lágrimas del otro día.

—Cosas del corazón. —Miyeon sonrió suavemente, jugando con su vaso ya casi vacío. —Eres muy pequeña como para comprender esas cosas. —Shuhua frunció el ceño, no se compraba la frase de que su edad le impedía entender las cosas del amor. 

—No soy pequeña, apenas nos llevamos por ¿dos años? —Miyeon rió, era cierto que no había tanta diferencia de edad entre las dos pero es que la menor se veía tan adorable que representaba mucho menos.

—Ya es tarde, debo cerrar. —Shuhua aceptó que no era su tema, que no debía meterse en la vida de alguien que acababa de conocer. —Pero si quieres mañana puedes venir a contarme como te fue en tu audición y nos tomamos un café, quizá te cuente lo que pasa. —Eso fue inesperado para Shuhua pero asintió rápidamente, algo que no cualquier chica de quince años queriéndose ver madura haría. 

—Suerte con tu audición. —Miyeon le pasó a Shuhua el papel que antes leía. —Y si no quedas, la próxima semana tenemos la audición en el club de teatro, piénsalo. Nos falta un pingüino para la obra—.

Shuhua no estaba segura de la razón, pero esa noche al llegar a casa en vez de volver a practicar su baile como había planificado se quedó leyendo la obra infantil que Miyeon le había pasado, revisando las líneas del pingüino hasta quedarse dormida. 


 

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lonelynovember
Espero disfruten el capítulo 8, muchas gracias por las suscripciones. Me alegra mucho saber que hay personitas que leen lo que hago :(
Debo confesar que me da un poco de pena hacer de Soojin la "antagonista" de la historia porque es una beba preciosa y la extraño mucho, pero bueno es ficción.
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