Capítulo 28.

Viéndote con sus Ojos.

Años.

Eran años los que Soojin había vivido contemplando la misma imagen. Cada vez que entraba a su habitación, cada movimiento fríamente calculado era exactamente el mismo.

Podían cambiar los muebles, hace unos años había decidido pintar las paredes de otro color y sacar algunas decoraciones que eran un poco infantiles para su gusto.

Pero la costumbre de ver por la ventana y mirar lo mismo sin importar el día era su favorita.

Shuhua, a diferencia de ella. Tenía la costumbre de dejar todo absolutamente estático. Shuhua le temía al cambio y a dejar ir, quizá por el miedo al abandono o quizá por algo menos complejo.

Pero a Soojin le gustaba, no era de admitirlo pero le emanaba paz. El cuadro de madera con vidrio que estaba perfectamente alineado con el de la habitación de Shuhua era su lugar sagrado.

A Soojin no le gustaba el arte, no tenía un periodo favorito ni algún pintor de su gusto. Pero la imagen de la habitación frente a la suya era como un cuadro colgado en su propia pieza al que le gustaba admirar de vez en cuando.

Lo mejor de la vista era cuando la propia taiwanesa aparecía en ella, moviendo su mano para saludarla enérgicamente.

Eran años de costumbre.

Y la costumbre había llegado a su fin. Frente a ella estaba la habitación de un par de desconocidas (no como tal, ya que sabía quienes eran) pero no era la habitación de Shuhua, no tenía sus colores, sus posters, las fotografías ni tampoco estaba ella.

Cerró las cortinas y se devolvió con remordimiento a ver el rostro de Yuqi.

—¿En serio me invitaste acá para mostrarme que Shuhua se cambió de habitación?

Soojin seguía sin comprender la forma en que Yuqi se había vuelto tan cercana a ella luego de sentir a Shuhua tan lejos.

Podía hacerse amiga de cualquier chica en la escuela pero decidió que sería Yuqi la persona con la que se sentía cómoda para hablar de lo que no se atrevía a decir a cualquier persona.

—Es mi culpa.

—No es tu culpa. —Yuqi rió, tomando asiento en el borde de la cama de Soojin. —Quizá solo quería ser buena hermana y darle la habitación más grande a Doyeon y Lucy, creo que estás pensando mucho.

—O tal vez no me quiere ver más.

Las dos se quedaron en silencio. Soojin sabía que no era eso, Shuhua le había dejado claro que no quería alejarse de ella pero sus acciones a veces decían lo contrario.

—Me voy a odiar por decir esto. —Yuqi rompió el silencio que cada vez se volvía más sofocante. —Pero quizá Shuhua lo hace porque todavía le interesas, tenerte cerca...Yo creo que te aleja para evitar sentir lo que sentía antes. Ahora tiene responsabilidades. —Soojin dejó que las palabras reposen en su cabeza.

Shuhua le debía compromiso a Miyeon, estaba segura de que los sentimientos que tenía por la actriz eran sinceros. Pero eso no evitaba que quizá la taiwanesa temía romper su compromiso si Soojin estaba cerca.

Shuhua no la odiaba ni quería dejar de verla tampoco. Shuhua tenía miedo, miedo de sus propios sentimientos.

—Prometo que nunca me voy a entrometer en su relación. —Yuqi suspiró relajada. Era un alivio saber que Soojin no planeaba hacer nada remotamente cercano a eso. —Pero voy a esperar todo lo que sea necesario. Puede que en algún momento no sienta nada por ella y esperar sea estúpido pero también puede que siga enamorada y será nuestro momento de estar juntas.

—Suena como que te vas a herir a propósito.

Soojin volvió a ver la ventana. Eso era lo que le hería, no tener a Shuhua.

.

.

.

1 mes después.

Shuhua sonrió ante la imagen de su chica favorita. Miyeon estaba en una de las bancas del patio de la escuela, en sus manos unas hojas de papel que asumió eran las líneas de la obra.

—¡De aquí en adelante todo va a estar bien! —Saltó Shuhua frente a Miyeon, quien ante la repentina aparición de su novia sonrió y dejó de lado las líneas que había practicado una y otra vez.

Shuhua había adquirido un hábito que solo podía compartir con Miyeon. Aparecía de la nada y recitaba líneas de West Side Story, todo esto después de saber que Miyeon había memorizado no solo sus partes de la obra sino que absolutamente cada línea de cada uno de los personajes del musical.

Le tranquilizaba, le hacía sentirse preparada y al saber eso Shuhua se había dado el tiempo de hacer exactamente lo mismo. Se aprendió todas las líneas y de vez en cuando aparecía sorprendiendo a Miyeon con líneas que pudiera completar.

—Tengo el presentimiento. —Shuhua se agachó, levantando la cabeza para encontrarse con el rostro de Miyeon, sus manos descansaron en las rodillas de la mayor y su expresión la invitó a continuar con la línea.

Por un momento Shuhua estaba lista para desafiar a Miyeon y sentir que por primera vez había ganado. Que había encontrado una línea que la mayor no había memorizado.

—¿De qué has estado hablando hoy?

Claro que no. No había forma de encontrar a Miyeon desprevenida. Shuhua sonrió, de igual forma esperaba decir la línea.

—Un viaje a la luna. —Había tanto amor en su mirada que la mayor sintió que iba a explotar. Y te voy a decir un secreto. —Shuhua llevó su mano al rostro de Miyeon, acariciando su mejilla como si se tratara del cristal más caro. —Y no es un hombre el que está allá arriba. —Las dos sonrieron, sabiendo el significado de la luna en esa línea. —No es un hombre, doctor. Es una chica. —Susurró, levantándose finalmente para tener su rostro a centímetros del de Miyeon.

—¿Y cómo se llama esa chica?

Shuhua levantó una ceja, no estaba segura de si Miyeon había olvidado las líneas o si le estaba preguntando directamente.

—Cho Miyeon.

No demoró mucho en responder y sus labios tampoco demoraron en ser atrapados por los de su novia.

Luego de eso las dos rieron, se sentían bobas pero no les importaba. Estaban en su propia burbuja en la que podían cambiar líneas y mezclar en ellas lo que sentían por la otra.

—Que buena improvisación ¿O acaso Cho Miyeon olvidó sus líneas?

Shuhua estaba ahora sentada a su lado, entrelazando sus dedos con los de su novia.

—Podría preguntar lo mismo.

Shuhua asintió, las dos habían aportado a la improvisación así que no podían culparse. Tampoco se arrepentían, se había sentido muy bien.

—Te extrañé anoche. —Miyeon había olvidado por completo sus líneas, se acurrucó en el pecho de su novia y dejó que la menor la abrazara.

—Fui a cenar con mamá. —Miyeon sonrió, la relación entre Lian y Shuhua era cada vez mejor. Las cenas semanales se habían convertido en noches de Shuhua durmiendo en el hotel de su madre o saliendo a almorzar al día siguiente. En esos casos Miyeon siempre era la coartada perfecta, todavía no se sentía preparada para enfrentar a su padre. —Pero podemos vernos en la noche después de que cene con ella. —Miyeon negó, aunque le gustaba la forma en que Shuhua siempre buscaba tiempo para las dos.

Con los ensayos, el trabajo en el mini supermercado, los estudios y las reuniones de Shuhua con su mamá a veces era difícil verse.

Miyeon cerró los ojos, disfrutó del aroma y el calor de Shuhua. El día amenazaba con nubes negras, pero en sus brazos se sentía todo lo contrario.

—Mamá tiene que operarse de nuevo. —Explicó Miyeon. —Tenemos que ir con un especialista en otra ciudad, papá está vuelto loco y es todo tan irritante.

—Entonces ven a mi casa.

—Tengo que trabajar, papá está pensando en vender el negocio para pagar la cirugía y si le digo que iré a verte entonces tendrá que conseguir a otra persona para que ocupe mi lugar, no puedo hacerle perder un día. —Shuhua odiaba que Miyeon tuviera que tomar tantas responsabilidades. Sabía que lo hacía desde el corazón, pero no le gustaba que tuviera que dejar de lado su vida de adolescente por tener que ayudar a su familia a sobrevivir.

—Puedo hablar con mamá, estoy segura de que no tendría problemas con pagar por la cirugía. —Miyeon había conocido a Lian, la mujer era bondadosa y también creía que no se negaría ante la petición de su hija.

Miyeon quería decir que sí, pero las palabras de Soyeon seguían retumbando en su cabeza y la culpa era como una bola de nieve que no dejaba de crecer.

—Shuhua tengo que contarte algo. —Esperó un par de segundos antes de soltarse de los brazos de la mayor. De inmediato extrañó el calor ajeno.

—¿Qué? —Sintió vergüenza inmediata. Ahí estaba Shuhua con esa sonrisa perfecta y siendo la novia perfecta.

Y ahí estaba ella, creyendo proyectar que igualmente era perfecta cuando en el interior sabía que no estaba ni remotamente cercana a ser la novia perfecta.

—Hice algo.

Shuhua intentó leer su expresión, conocía suficiente a su novia y la sonrisa que antes se dibujaba en su rostro desapareció rápidamente.

—¿Qué pasó?

—Tengo miedo de decirlo.

Shuhua estaba acostumbrada a ser ella la que ocupaba el rol de Miyeon, siempre era ella quien necesitaba ayuda y no estaba segura de qué hacer en ese momento.

—Puedes decirme lo que sea, no cambiará nada.

—Podría cambiar nuestra relación.

Líneas se formaron en la frente de Shuhua, podía sentir que algo realmente amenazaba la estabilidad de su relación.

Tomó las manos de su novia y les dio un suave apretón.

—Estoy segura de que podemos solucionarlo.

Fueron esas palabras el empujoncito que necesitaba para poder confesar lo que había prometido confesar.

—Me besé con Minnie.

No estaba segura si habían pasado segundos, minutos, horas o días desde que dijo las palabras hasta que Shuhua volvió a hablar.

—¿Cuándo? —Shuhua sintió que se había quedado sorda, quizá había escuchado bien pero luego la confesión de Miyeon fue como un eco que no dejaba de repetirse en su cabeza.

—En la fiesta a la que nos llevó Lucy. —Shuhua comenzó a recordar ese día, ella se había ido antes para acompañar a Soojin. Eso había sido hace más de un mes atrás.

Shuhua soltó sus manos y las retrajo hasta su cuerpo, de pronto Miyeon sintió que estaban a metros de distancia cuando apenas unos minutos atrás estaba pegada a su cuerpo.

—Shuhua. —Llamó, obteniendo la atención de la taiwanesa nuevamente. —Yo no inicié nada, ella estaba borracha y de pronto se me acercó. Tú sabes que yo nunca haría algo así, al menos no por mi propia iniciativa. —Miyeon quería explicarse sin notarse desesperada, no quería darle una importancia que influyera en la reacción de su novia.

—¿Por qué? —Fue todo lo que pudo decir Shuhua, no se sentía preparada para emitir algún comentario. Debido a esto todo lo que salía de sus labios eran preguntas.

—¿Por qué...qué? —Miyeon no comprendía la pregunta, no estaba segura de qué tenía que explicar.

—¿Por qué te tomó tanto tiempo decirlo? —Miyeon sintió dolor en el pecho, porque en fondo sabía que si no fueran por las amenazas de Soyeon ella no hubiera admitido nada de lo que pasó esa noche.

—Tenía que pensarlo bien, las dos estábamos pasando por muchas cosas y en serio no significó nada. —Su vista se nubló, en ese momento se dio cuenta de que estaba llorando.

—¿Estás segura? Pareciera que no me querías decir nada, quizá significó algo y querías pensarlo. —Las inseguridades de Shuhua comenzaron a hablar y sin querer sus palabras habían tocado una fibra delicada en Miyeon.

No dudaba de su amor por Shuhua, pero desde un principio el fantasma de Minnie estuvo presente. Minnie era su primer amor y quitándole la forma en que la humilló y destrozó su corazón, la tailandesa seguía siendo parte importante de su vida.

—Shuhua, yo solo quiero estar contigo.

Shuhua asintió, pero todavía no tenía el valor de volver a tomar de las manos de Miyeon.

—¿Por qué tenía que ser ella? —La voz de Shuhua se rompió y finalmente notó que no era la única llorando en ese momento. Así mismo comprendió lo mal que se podía estar sintiendo su novia.

Si ella estuviera en su lugar, si Shuhua se hubiera besado con otra chica (aunque estaba segura de que sería incapaz de hacerlo) y tuviera que escoger la persona la última que se vendría a su cabeza sería Soojin.

Que Shuhua se bese con otra chica le rompería el corazón, pero que el beso fuera con Seo Soojin probablemente la hubiera destrozado.

Era lógica. Si una persona supiera que le iban a disparar probablemente escogería el arma menos destructiva.

Y Miyeon le había disparado a Shuhua con la peor de todas.

—Perdóname, de verdad no significa nada para mi. —Quería ser sincera, porque realmente lo era.

—Pero si para mi. —Miyeon asintió, no podía implantar sentimientos en Shuhua. Era independiente de sentir lo que quisiera y debía respetarlo.

—No quiero que esto nos rompa, por favor. —Miyeon mordió su labio inferior, no podía soportar la tensión.

—No lo hará. —Una pequeña flama de ilusión se encendió en su corazón. —Pero necesito un tiempo para pensar todo esto. —Eso era lo que hacía Shuhua.

Shuhua pensaba. Cuando vio a Soojin con su novio, pensó y decidió no intervenir. Cuando supo que su papá mentía, pensó y decidió no enfrentarlo. Cuando su mamá le pidió conocerse, pensó y decidió formar una relación.

Shuhua necesitaba pensar y Miyeon necesitaba ser fuerte para soportar cualquiera fuera su decisión.

Miyeon no dijo nada, se aseguró de hacerle saber que lo que pasó con Minnie no había sido por decisión de ella y ahora iba a aceptar lo que Shuhua quisiera.

La menor se puso de pie y sonrió, Miyeon sintió algo de ilusión gracias a eso. Quizá no todo estaba perdido entre ellas. No podía soportar perder a Shuhua después de todo lo que habían pasado juntas.

Shuhua se acercó nuevamente y besó su frente.

—Nos vemos.

Shuhua caminó a paso lento, sabía que Miyeon le había sido sincera. Lo sentía en su corazón, pero no podía evitar pensar en que había una especie de mensaje oculto en lo que había pasado.

Muchas veces se había cuestionado qué tenía Minnie que no tuviera ella.

Minnie era hermosa pero Shuhua sabía que ella también era linda.

Minnie tenía dinero, pero con la situación de su mamá ella también lo tenía.

Minnie había tratado mal a Miyeon y ella no hacía más que intentar que su novia se sintiera como una princesa que merecía todo lo mejor.

Pero el fantasma de su ex novia continuaba atormentándola, lo odiaba.

Estaba harta de sentirse reemplazable, de creer que todas las personas a su alrededor podían hacer lo que quisieran con ella porque sabían que Shuhua volvería a ellas.

Estaba segura de que lo mismo estaba haciendo con su padre. No quería contarle la verdad ni que supiera que se juntaba con su madre porque finalmente sabía que después de un par de disculpas ella terminaría perdonándolo.

No estaba enojada con Miyeon, no tenía dudas de que sus sentimientos eran sinceros.

El problema eran los daños colaterales. Todo lo que significaba lo sucedido, los recuerdos que le traían.

Estaba frágil y todo eso era porque amaba a Miyeon de la forma en que nunca había amado antes.

El problema no era perdonar a Miyeon, el problema era pensar en todo a lo que se exponía estando con Miyeon.

Shuhua llegó al restaurante de siempre y su madre ya estaba ahí, llevaba puesta ropa casual a diferencia de los vestidos de diseñador que siempre traía puestos.

Su sonrisa era la misma de todas las cenas, Lian demostraba genuinamente lo agradecida que estaba de tener a su hija en su vida cada vez que se veían y Shuhua no podía negar lo bien que le hacía.

—Te ves distinta. —Shuhua comentó, haciendo relación a la forma de vestir que tenía su madre.

—Eso es porque es un día distinto. —La mujer se notaba genuinamente feliz y eso hacía que Shuhua deje de lado parte de lo mal que se sentía por lo que acaba de pasar con Miyeon. —Hoy será la última cena que tendremos en este restaurante. —Continuó explicando Lian. —Compré una casa.

La noticia le sorprendió. Sabía que Lian se estaba tomando en serio su compromiso de crear un vínculo con Shuhua, pero también era consciente de que la mujer tenía una vida fuera de las cenas y las salidas esporádicas.

—¿Y qué pasa con China?

Lian esperó a que el camarero les sirviera la cena para poder explicar.

—China está bien sin mi por un tiempo, mi mano derecha se está encargando y estamos pensando en una expansión en Corea.

Shuhua no sabía mucho de negocios, pero creía que expandir una empresa a otro país seguramente tomaba tiempo. Sonrió al creer que su mamá pensaba en ella a largo plazo y no como alguien desechable.

—Gracias. —Lian negó rápidamente, no sentía que su hija debía agradecerle nada.

—Gracias a ti, Shuhua. Por darme la oportunidad de entrar a tu vida, de ahora en adelante no iré a ningún lado. —Ambas sonrieron, siempre que una lo hacía la otra seguía. Eran contagiosas, tenían una conexión. —Te va a encantar la casa, tendrás una habitación enorme con una terraza y podemos arreglar una habitación para invitados. Así pueden ir tus amigas, lo que tu quieras.

La idea sonaba increíblemente bien. Confiaba en Lian.

—Quizá algún día podrías venir a vivir conmigo.

No quería presionarla, pero quería poner la idea sobre la mesa para que Shuhua lo pensara.

—Es una buena idea. —Shuhua quería considerarlo, últimamente se sentía segura con Lian y quizá era señal de que tenía que conversar con su papá y encontrar la forma de hacer que todo funcione sin problema entre ellos.

Cuando la cena terminó, Lian manejó con destino a casa de Miyeon como solía hacer la mayoría de las noches. Cuando llegaron Shuhua notó que no era ahí donde tenía que estar.

—¿Me puedes llevar a otro lado?

—¿Todo bien con Miyeon?

A Lian le gustaba Miyeon, la había conocido hace un tiempo atrás y a veces se unía a sus cenas. Lian podía ver la forma en que ambas se veían con amor y le gustaba saber que su hija estaba en buenas manos.

—Si, solo quiero ir a otro lado. —Lian asintió, poniendo en marcha el auto mientras seguía las indicaciones de su hija.

—Pensé que no querías que te vieran llegar conmigo a tu casa. —Lian reconoció el barrio al que habían entrado, era ahí donde vivía con su papá, madrastra y hermanas.

—Detente aquí. —Lian paró el vehículo y observó a su hija quitarse el cinturón. —Técnicamente no es mi casa, ahí vive Soojin. —Apuntó la ventana y Lian notó que efectivamente no era su casa sino la de al lado.

—¿Nos vemos mañana? —Lian tenía la costumbre de preguntar eso cada vez que se despedían, quizá porque temía perder a Shuhua nuevamente.

—Antes de irme quería pedirte un favor.

Lian asintió, haría cualquier cosa que su hija le pidiera.

—En realidad son dos favores.

Soojin no podía decir que no le sorprendía ver a Shuhua ahí. Cuando el timbre de su casa sonó creía que sería alguien buscando a su mamá o papá, pero la imagen de la taiwanesa frente a ella le alegró.

—¡Shu! ¿Qué haces aquí? —La hizo pasar y apenas entró la menor abrazó a Soojin con fuerza, la extrañaba y por sobre todo la necesitaba.

Ya en su habitación, Soojin le llevó un té con miel para relajarla. Todavía no sabía qué había pasado pero la bebida caliente siempre la tranquilizaba, conocía los protocolos para cuidar de Shuhua.

La menor sonrió después del primer sorbo, extrañaba a su mejor amiga.

—Minnie besó a Miyeon.

Shuhua dió la noticia en forma de suspiro, fue casi inaudible para Soojin pero lo suficiente para que pudiera escucharlo.

Apretó sus manos y sus nudillos estaban blancos por la fuerza que ejercía. De inmediato pensó en lo que Yuqi le había dicho. Yuqi amaba a Miyeon para Shuhua hasta que dejó de hacerlo. De pronto la china había cambiado de bando y no sabía el motivo. Hasta ahora.

Quería salir de ahí, correr a casa de Miyeon y gritarle hasta que se diera cuenta de la forma en que había dañado a su mejor amiga. Estaba segura de que era lo que quería hacer hasta que los sollozos de Shuhua la regresaron a la realidad.

La abrazó.

No tenía tiempo para Miyeon ni para enojarse, su prioridad era consolar a Shuhua.

—¿Qué piensas hacer? —Después de calmar a Shuhua y prestarle una de sus pijamas se acostó con ella, abrazándola y dejando un beso en uno de sus hombros. Esa noche sería la cuchara grande de su mejor amiga.

—No estoy enojada con ella. —Admitió, Soojin no lo entendía pero eran los sentimientos honestos de Shuhua. —Pero odio la forma en que me hace sentir, no me gusta estar expuesta así ¿por qué el amor es tan frágil? —Le hubiera gustado responder, pero tampoco conocía la respuesta.

—Shuhua. —Susurró. —Debes hacer lo que crees que te hará feliz, que cuando te veas en cinco años más y veas atrás sigas creyendo que tomaste la decisión correcta. No importa si estás o no con Miyeon, lo importante es que seas feliz.

Shuhua tenía mucho en qué pensar, porque quería que todos fueran felices pero no sabía cómo lograrlo.

Mientras Shuhua era consolada por su mejor amiga, Miyeon continuaba trabajando en el negocio familiar. Por suerte no venían muchas personas, lo único que quería era llorar y pensar en Shuhua. Todavía no entendía cómo pudo arruinar todo en tan poco tiempo, Miyeon no era así. Miyeon era una buena persona pero había herido a quien más amaba.

Tomó las líneas de la obra, todo le recordaba a Shuhua. No sabía cómo distraerse porque ahora sólo podía esperar a que su novia tomara una decisión.

Luego de cerrar fue a su habitación, quizá lo único que podía hacer era dormir. Pero cuando estaba a punto de quedarse dormida su teléfono se iluminó y ahora tendría mucho en qué pensar. La notificación del banco con la transferencia de Lian estaba ahí, con dinero suficiente para cubrir la cirugía de su mamá.

Esa noche lloró hasta quedarse dormida, por primera vez pensó que Shuhua era mucho para ella.

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N/A: ¡Gracias por leer! No revisé mucho esto así que si tiene errores pido disculpas.

Quedan oficialmente dos capítulos para terminar esta historia, aunque técnicamente el próximo es el final de esta cronología (no explicaré más porque no quiero que suene a spoiler) espero les guste lo que se viene.

Un abrazo y nos leemos pronto, no olviden comentar que siempre me gusta ver sus opiniones. 

 

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Thank you!
lonelynovember
Espero disfruten el capítulo 8, muchas gracias por las suscripciones. Me alegra mucho saber que hay personitas que leen lo que hago :(
Debo confesar que me da un poco de pena hacer de Soojin la "antagonista" de la historia porque es una beba preciosa y la extraño mucho, pero bueno es ficción.
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