Capítulo II

Prueba de paternidad by Pete

Ae Intouch

Estaba tan agotado que mis pies sólo se arrastraban mientras subía los últimos escalones que me llevaban al departamento estudiantil. Las clases habían estado pesadas, sí, pero durante la mañana también había tenido práctica con el club de fútbol. Y para variar, discutí con el idiota de mi hermano.

—Maldito engreído. —Despotriqué en voz baja.

Mi hermano tiene dos años más que yo, es decir, 23. No estudia. No tiene un trabajo fijo. Es un maldito grano en el culo, pero es mi hermano. Por eso, cuando se apareció frente a mi dormitorio, y me pidió dinero le di mis ahorros.  Cuando finalmente llegué a la puerta de mi cuarto, hice sonar mi cuello y puse la mano en el picaporte. De repente, presté atención a los sonidos que salían del cuarto.

—Maldito, Pond. —Dije, rezando que sólo este viendo una peli o y no teniendo o en la habitación. Había presenciado ambas. Sin embargo, fuera como fuera, y sin sentirlo en lo más mínimo, iba a interrumpir su acción.

Abrí.

Estaba viendo o, pero no solo. Estaba en lo que parecía ser, según él mismo,  una fiesta o. Tres, tres chicos sentados frente al computador con sus cosas afuera… haciendo eso.

—¡FUERA! —grité, caminando a la cama y tomando el almohadón y lanzándoselos. Los invitados se subieron el pantalón a toda prisa y salieron corriendo, pero Pond siguió allí, con los ojos cerrados—. ¡OH, NO! —grité otra vez. No, no iba a dejarlo.

—Pero, Ae…—rogó. No me importó. Le di un golpe en la cabeza—. ¡Ay!

Rendido, mi amigo no logró terminar. Y se la pasó frustrado, rojo, y diciendo disparates. No le hice caso, sólo busqué callarlo.

—No importa —solté—. Estoy cansado, agotado, quiero dormir ¿Quieres liberarte? Hazlo en otro lado.

—En serio, Ae ¿Estás seguro que no eres aual o algo?

—No, y no me importa.

Y era cierto, no me importaba en lo más mínimo. El fútbol me bastaba. No era como los chicos como Pond que necesitaban bajar su adrenalina de otras formas. Tampoco sentía la necesidad de ponerme a pensar todo el día en chicas. Pond vivía cuestionándome al respecto.

—Pues debería de importarte porque…. —corté a Pond tirándole algo que estaba en el piso a un lado de la cama—. Está bien, está bien, me callo.

Finalmente pude caer en la cama y cerrar los ojos. No me importaba estar aún en el uniforme, estaba muy cansado como cambiarme. Sólo quería dormir, pero cuando parecía que lo estaba logrando, el teléfono en mi bolsillo empezó  a sonar.

—¿Sí? —respondí. Era mi otro hermano mayor, desesperado, hablando tan rápido y a los gritos que tuve que apartarme el teléfono de la cara—. Oye, oye, no. Más lento, más bajo, por favor. —Pedí,  empezando a masajearme la cabeza con la mano libre. Esta vez pude entenderle mejor.

¡Maldición, Ae! —lo escuché respirar—. Acaba de caer la policía, en busca de Trump.

Me senté de repente sobre la cama. Pond notó mi cambio de actitud y se acercó, preocupado. Le hice señas con la mano, que se espera.

—¿Por qué lo buscaban? —pregunté—. Él estuvo aquí esta mañana.

¿Qué quería, Ae?

—Dinero. Se lo di, pero…

—¡Maldición! —me cortó mi hermano—. Lo buscaban por estafa, Ae. Debe muchísimo dinero, pero cuando estaban acá, llamaron para decir que había logrado huir. Ahora entiendo cómo.

Me quedé de piedra. Trump, mi hermano,  había usado mi dinero para huir de la justicia.

Mierda, yo había ayudado a huir a mi hermano.

—Yo no tenía idea…. —Empecé a preocuparme.

Y eso es lo que le dirás a la policía. Nadie lo sabía Ae, pero seguro irán a preguntarte por él. Oh, además parece que no huyó solo. Tenía un cómplice, pero no nos dijeron mucho más. Creo que en parte creen que mentimos.

—Mierda.

—¿Ae?

—¿Sí?

—No te preocupes por el dinero que le diste, nuestros y padres y yo te ayudaremos en cuanto podamos, sólo enfócate en la universidad, ¿de acuerdo? Y por Trump ni te preocupes, no tienes nada que ver.

Respiré profundo.

—De acuerdo.

Pero eso no evitó que me sintiera terrible. Sabía que mi hermano era un idiota, pero no a tal punto. Suspiré. No dudaba de que mi familia me ayudara, pero, decidí minimizar todo gasto posible. También en la posibilidad de encontrar algún trabajo, como repartidor tal vez. Tenía una bici, podía hacerlo. No cargaría todo a mi familia.

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